DE BIRMANIA, CHAITÉN Y OTRAS PEQUEÑAS SANDECES
10 05 2008

Desde hace un par de días he visto, sin sorpresa, como nadie se anonada ante un volcán que expulsa flujos piroclásticos a 12 Km de altura. Esto no me parece anormal, ¿a quien carajo le importa una montaña echando humo? Solo al que ve caer en sus hombros las cenizas, o al pendejo que, como a mi, le preocupan los juegos, de niño abandonado, que tiene nuestro planeta.
Para una preocupante mayoría esto no parece ser de gran importancia.
Resulta incluso aburrido y realmente estúpido detenerse a pensar un par de segundos en esas personas que yacen bajo miles de litros de agua.
¿Porque tomarme la molestia? si es más importante poder descifrar el significado del menú de algún restaurante cantones de moda. Total… eso es lo más cerca que quiero estar de la basura asiática que nos quiere invadir económicamente!!!!
¡Que hazaña tan osada la de este cretino! ¡Mojar mis zapatos nuevos!
Es allí cuando saco el periódico de mi bolso y decido limpiarlos con la página de titulares.
Mientras lustro, puedo leer que el número de victimas asciende. Hago un esfuerzo sublime pero no puedo seguir porque las letras van desapareciendo al ritmo del brillo, al ritmo de mi banalidad..
¡¡¡No se quejen!!! Le he dado la importancia que tiene, la importancia suficiente.
¡¡¡Y que más da!!! Yo soy solo un hijo de vecina y ellos al igual que mis zapatos son solo cuero sin vida, ¡¡¡pero con mucho brillo!!!
¡Que pobreza de espíritu tan magnifica nos abraza mientras caminamos al abismo!
Más me sorprende la falta de sorpresa de mis hermanos, los hijos de vecina, que las tragedias que nos agobian.
¡Más me asombra mi ausencia de asombro ante la falta de asombro de la humanidad!
Anthony D. Madrid D.

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